Hondarribia Crossroads
Domingo 10 de julio
Escenario La Benta
Hondarribia Blues Festival
El cierre del Hondarribia Blues Festival de este año ha sido y será muy importante. Estamos cansados de escuchar que vamos en el vagón de cola, que nuestro blues es todavía muy joven, que no tenemos historia y señores, eso es mentira. Contamos con más de 30 años de historia y con una salud de hierro que además ha conseguido que nuestros pioneros se junten con las nuevas generaciones creando una interacción más que efectiva.
Todo eso y mucho más se pudo demostrar en el Hondarribia Crossroads, un encuentro musical de una veintena de músicos de blues del país. Los que han escrito el principio de la historia codeándose con los que deben seguir escribiendo a partir de ahora. Afortunadamente nuestros históricos están todos en activo y en buena forma y como ellos mismos nos contaron, las nuevas generaciones tienen una calidad envidiable, que les empuja a seguir y mejorar cada día.
Un espectáculo de más de tres horas al que sólo estábamos acostumbrados a ver en los DVD's americanos y en galas de blues europeo, pero que jamás se había intentado hacer aquí, el por qué no lo se, pero que el resultado ha sido un éxito también es cierto.
Antes de nada hay que agradecer a dos personas por encima de todos los demás el esfuerzo y la dedicación de tamaña empresa. Primero Carlos Malles, director del Hondarribia Blues Festival y con él toda la gente que lleva detrás, agradecer primero que se le ocurriera la idea, que más adelante la llevara a cabo y con la suficiente inteligencia para saber rodearse de quién debía; para finalmente tratar a los músicos como en pañales, que se sintieran queridos, respetados y por qué no, las estrellas de la función.
En segundo lugar hay que agradecerle a Mingo Balaguer por aceptar el reto, por llevarlo a cabo, por saber aglutinar una buena parte de nuestra historia y saber moldear egos musicales y personales, por presumir de sencillez y carecer de protagonismo, por ser posiblemente la única persona que podía reunir a tanta gente y eso sencillamente le hace grande de verdad como profesional y como persona.
Musicalmente hablando la cosa fue mucho mejor de lo que los más optimistas pensaban, con un timing complicado y seguido a rajatabla por la organización, con un sonido impecable y un ritmo que no bajó en ningún momento el interés del público por del evento.
Comenzaron Txus Blues & José Bluefingers con dos temas de su propio repertorio, haciendo a la vez de presentadores del concierto y de introductores del buen rollo que reinó entre público y músicos. Se pudo comprobar una vez más que el público de Hondarribia les quiere ver más veces.
Terminado su pequeño set, se monta la base rítmica con Armando Marcé a la batería (Ñaco Goñi y los Bluescavidas) y Fernando Torres al bajo (Mingo Balaguer y los Blues Intruders), con ellos Chino a la guitarra (Chino & The Big Bet, Down Home, Acoustic Blues Company...) interpreta "Bad Boy Blues", la cosa se va calentando.
Suben al escenario Paul San Martín al piano (Stay Blues) y Danny Boy a la armónica para hacer el tema "Time to give up" , donde Chino para el tema para increpar al público a que participe... ya estaba montada la fiesta.
Marcha Chino y Danny Boy dando el relevo a Quique Bonal (Mingo & The Blues Intruders) que se lanzan al tema "Roll'em Pete".
Terremoto en el escenario, sólo queda Fer al bajo y suben Juan de la Oliva a la batería (Mingo & The Blues Intruders), Paco Simón a la guitarra (Red House), David Giorcelli al órgano (David Giorcelli Trio), Alain Sancho al saxo (Travelling Brothers) y Jeff Espinoza (Red House) a la voz. Suena "I want to be loved" y cuando escucho a Jeff se me eriza el cabello, qué voz, qué señorío, que presencia... repiten con "New Orleans" y es de agradecer!
Aguantamos bajo y batería y volvemos a llamar a Paul San Martín al órgano y Lolo Ortega como guitarra y voz (Caledonia Blues Band) para hacer un sosegado "Dangerous Mood".
Llegados a este punto era difícil saber quien subía o bajaba, quien entraba o salía, pero el público se lo estaba pasando en grande y en backstage había dos opciones, los que disfrutaban a saco con todo y con todos y los que andaban nerviosos por el papel que iban a desempeñar. Los unos y los otros vivieron la noche inténsamente que era de lo que se trataba.
Se queda arriba del entarimado Lolo Ortega y se cambia toda la composición de la banda. Quique Bonal vuelve a la guitarra, Armando a la batería y sube por primera vez Jorge Otero "Jafo" (Bluedays) con quien arremeten "Échame un cable". Se mantiene la base rítmica y cambian las guitarras por Tonky de la Peña (Tonky Blues Band) y Ñaco Goñi a la armónica (Ñaco y los Bluescavidas), quien lució durante toda la noche una camiseta de la Societat de Blues de Barcelona. Cae un gran "Shuffle Tonky". Con David Giorcelli y Chino que repiten hacen un discreto "Lonely Boy" que le sirve a Tonky para jugar con el público y comprobar la entrega de este... por eso y varias razones más, algunos regresaron al día siguiente a Barcelona sin voz... ni gota oiga!
Otro cambio brusco, Jafo al bajo, Juan de la Oliva a la batería, D. Giorcelli al piano, Quique Bonal a la guitarra y sube el gran protagonista de la noche, Mingo Balaguer a la armónica. Que sólo aguanta un tema en el escenario, el soberbio "Hello little girl", para dar paso a los tres componentes de Travellin' Brothers, Alain al saxo, Jon Careaga a la guitarra y Aitor Cañibano como vocalista, que desde ese momento se le vio con ganas de hacerse con el puesto de frotman de la noche. "Let's Have a natural ball" y "Midnight Train" configuran el par de temas con el que se cierra la rueda, es decir, hasta ahora ya han pasado de una forma u otra los veinte músicos elegidos, sin apenas parones y con una movilidad excelente de ritmo y calidad musical.
Desde este punto se producen numerosos cambios hasta completar el set. Un total de veintidós temas que configuraron tres horas de concierto, que cerró como en las grandes ocasiones, con todos los invitados más un Raimundo Amador que se animó al final sobre el escenario interpretando "Let me love you babe" al que se sumó el público como base rítmica de lujo. La foto quedó para la historia, nuestra pequeña historia del blues que ha llegado con este Hondarribia Crossroads a la mayoría de edad. Nada tenemos que envidiar a nadie y podemos estar orgullosos que de un género musical al que nunca le han prestado atención los medios de comunicación, las administraciones y en escasas ocasiones el público, se ha creado entre todos y esperanzador futuro.
Aupa Hondarribia Crossroads!
Eskerrik asko!!!


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